A veces siento que nada me importa, que puedo pasar por alto todas las inestabilidades de mi vida, y me engaño.
Comienzo a darme cuenta de ello cuando mis sueños se transforman en aburrida rutina y realidad, y se tiñen de miedos y fracasos.
Hace dos meses que me comunicaron el cierre definitivo de la empresa; desde entonces rumores, entrevistas y negociaciones se suceden sin cesar. Mientras sigo acudiendo a mi puesto de trabajo cada día, aunque no tenga nada que hacer. Todos los días son iguales y sin embargo cada día es distinto y pierdo por el camino las motivaciones iniciales para seguir adelante aprendiendo cosas nuevas y sintiendo que aprovecho el tiempo, y olvido que me gustaba leer, escribir o escuchar música, y recuerdo que hace muchos años ya me sentí así, que dejaba volar el tiempo sin darme cuenta de lo que hacía con él, matándolo simplemente.
Hace tres semanas que me atropelló un coche en un paso de cebra mientras patinaba (o lo atropellé yo, aún no lo tengo claro). Durante dos semanas me dolió el codo y hombro izquierdo y la cadera derecha, por lo que tuve la escusa perfecta para olvidar también que me gustaba patinar y tocar la guitarra.
Me encuentro a veces en casa, en silencio, y miro a mi alrededor sin encontrar algo que me haga reaccionar, creo que podría pasar las horas simplemente mirando una pared si no me esforzara en evitarlo. Me preguntan qué me apetece hacer, a quién me apetece ver, y mi respuesta es clara: dana; nadie.
Tengo diez entradas para el blog en borradores que jamás creo que llegue a terminar, demasiados blogs pendientes que tampoco creo que llegue a leer, y todo el tiempo del mundo para hacerlo sin desearlo. Dentro de poco apenas tendré tiempo para todo esto, quizá sea a eso a lo que le tenga miedo y reacciono de esta manera tan absurda.
Tengo la suerte de haber encontrado otro trabajo en el que empezaré en menos de un mes, pero los cambios en mi vida me afectan como podrían hacerlo a un niño pequeño o a un anciano, es de risa, porque no quiero ser así, pero tampoco puedo evitarlo.
Ayer comencé a aprender una nueva canción con la guitarra; me pregunté cómo era posible que hubiera olvidado con tanta facilidad lo que siento al tocarla, y decidí poner remedio a todo esto.
Y ahora, para que la entrada no sea tan deprimente, un comentario sobre el accidente que sufrí.
No quise decirle nada a mi madre, no me gusta que se preocupe innecesariamente pero tampoco me gusta el hecho de ocultarle algo, así que me esperé dos semanas para decirselo. La conversación fue así:
- Sabes... el otro día me atropellaron mientras iba con los patines
- Ay hija.... ¡si es que van cómo locos! entre los patinadores, los de las bicis y los monopatines, esta ciudad es una locura, ¡a mí también estuvo a punto de atropellarme un patinador el otro día cuando volvía del supermercado, ¡no veas el grito que le pegué!
- Ajá........
No sé si debiera, pero al menos mi conciencia se ha quedado bien tranquila.

