domingo, 25 de diciembre de 2011

Feliz navidad

Viste un traje gris, un abrigo oscuro y una bufanda roja.
El cierzo que comenzó a azotar la ciudad esta mañana y las prisas propias de esas fechas lo hacen caminar rápidamente, casi sin fijar la vista al frente.
Levanta la mirada tan solo un segundo y lo ve a lo lejos, acercándose rápidamente.

Su pelo es cano; viste un desgastado abrigo marrón y una mirada triste por bufanda.

Mira su reloj, sabe que llega tarde y no puede entretenerse, así que alza la voz mientras se aproxima a paso rápido.

- Que locura de fechas, ¿verdad? todo el día corriendo de un lado para otro.
- Si la verdad es que si...
- Bueno y la familia qué tal, supongo que todos bien
- Pues el pequeño murió este verano en un accidente de tráfico, son unas fechas tristes para nosotros, pero no nos queda mas que intentar olvidar.
- ¡Pues me alegro mucho!, ¡Feliz Navidad y recuerdos para los chicos!



Quiero pensar que el señor del traje tenía un problema auditivo, pero me temo que no era así. Al final las apariencias son lo importante, el saber quedar bien y decir las palabras adecuadas en el momento adecuado. Sólo hay un problema, que hablamos y hablamos y muchas veces nos olvidamos de escuchar.

La navidad trae de todo, trae esperanza, alegría y felicidad para aquel que tiene la suerte de poder creer en que una simple fecha tiene el poder de cambiarlo todo, pero también trae tristeza, y trae dolor, mentiras y falsedad, pero envuelto muchas veces entre papeles de colores.

Desde pequeña no tuve la suerte de poder creer que la navidad puede hacerlo todo posible.
Cuando mi hermana pequeña y yo mirábamos los catálogos de juguetes lo hacíamos únicamente para soñar con aquello que sabíamos que jamás podríamos tener. La frase "cariño, no tenemos dinero" se interiorizó tanto, tantísimo dentro de mi desde muy pequeña que jamás fui capaz de pedir nada, ni soy capaz de hacerlo ahora.

Un año, el primer día de colegio tras las vacaciones de navidad mis compañeras hablaban sobre todo lo que les había traido papa noel y los reyes magos. En esos momentos yo simplemente intentaba desaparecer para evitar ninguna pregunta, mientras pensaba lo bonito e infantil que me parecía poder creer en algo así

Y la pregunta llegó.
- Y a tí, ¿qué te han traido?
- A mi no me han traido nada, pero mis padres me han regalado un paquete de folios de colores y un ovillo de lana - les respondí con la cabeza bien alta pero un rastro de tristeza en mi voz.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Una caja de cereales

Habían pasado veinte años desde la noche de su tercer cumpleaños.

Aquella noche la casa había quedado sin recoger; estaba agotada, pero aún así cuando la acostaron le costó conciliar el sueño de la emoción.

En el techo todavía colgaban guirnaldas con letras y globos de colores, y todos los juguetes que había recibido estaban esparcidos por toda la casa. En verdad por aquel entonces todavía no comprendía bien el porqué de aquella celebración, pero en ese momento, y con la ilusión de los tres años ni siquiera le importaban las razones ni se había hecho ninguna pregunta. Solo deseaba que ese día no acabara jamás.

Se despertó pronto, y aquella sonrisa de la noche anterior continuaba dibujada en sus labios.
Procurando no hacer ruido, andando de puntillas y mirando sobre su hombro para asegurarse de que nadie la veía se dirigió al salón dispuesta a continuar ella sola la fiesta del día anterior. Había papeles de regalos, caramelos y juguetes alá donde miraba, había tantos que no sabía por donde empezar. Comenzó abriendo una pequeña bolsa de ositos de gominola, y mientras los devoraba a toda prisa con el miedo a ser descubierta, organizaba sobre el sofá todos sus nuevos juegos, juguetes y muñecos.
Cuando todos estaban dispuestos, los unos junto a los otros, dio un paso atrás.
Observó desde lejos aquel tesoro que sabía que le pertenecía, y después uno a uno y comenzando por la derecha, decidió escoger sus preferidos.
Apartó la máquina registradora, un castillo morado y un muñeco vestido de rosa, y fue entonces cuando se dio cuenta de que faltaba justamente lo que ella quería en ese preciso instante: los rotuladores de colores.
Miró a su alrededor buscándolos con ansias. Levantó cada cojín del sofá, cada globo y cada envoltorio, pero no los encontró.

Decidió ampliar su búsqueda y probar suerte con la cocina.
A sus padres no les gustaba que anduviera sola por la cocina, y ella lo sabía. Sus pasos eran firmes y silenciosos, su corazón se había agitado por el riesgo que corría de ser descubierta, y eso le encantaba.

La puerta de la cocina estaba entreabierta, y antes de abrirla asomó la cabeza para mirar.
El juego había terminado; ahí estaba su madre, sentada frente a la mesa de la cocina, con una caja de cereales a un lado y la cabeza recostada al lado.



La caja de cereales era blanca y roja, y tenía escritas a rotulador algunas palabras en color negro. En aquel momento no supo descifrar aquel mensaje, pero veinte años después todavía recordaba aquellas dos palabras garabateadas en negro sobre la caja de cereales.
Esas dos palabras adquirieron un nuevo significado para ella, y arrastraron la mentira, la duda, el rencor y la amargura por el resto de su vida. Jamás dos palabras le habían hecho tanto daño.

Nunca quiso hablar de ello y hasta ese día, jamás pudo volver a aquel lugar.
Cuando abrió la puerta esperaba que el tiempo no hubiera pasado, esperaba encontrar alineados todos sus regalos, los globos todavía con aire en su interior, y en la mesa de la cocina alguna razón, algún motivo o explicación a aquel "Lo siento" que ese día no supo interpretar en la caja de cereales.
No encontró nada.

viernes, 11 de noviembre de 2011

In memoriam

Aunque intentemos evitarlo el tiempo siempre acaba venciendo; difumina incluso el más vivo de los recuerdos.

El otro día me di cuenta de que había pasado un año desde la muerte de mi abuelo, y realmente me sorprendió, pero no por hecho del paso del tiempo, sino por ser consciente de que la distancia me hace incapaz de aceptarlo completamente.

Me he sorprendido varias veces hablando con mi madre como si todavía siguiera vivo; me cuesta reaccionar y comenzar a hablar en pasado.

Desde su muerte solo he vuelto una vez a Alicante. Al entrar por la puerta todavía esperaba verle recostado en su sillón de siempre, y tras darme cuenta de mi error solo sentía cierta tristeza; tal vez causada por el hecho de no volverle a ver, tal vez por ser consciente de que apenas podía echarlo de menos, no lo sé.

Cuando me dijeron que había muerto no supe cómo reaccionar.

En un primer momento, de manera absurda y con poca suerte, quise forzar alguna lágrima para sentirme un poco más humana, quizá simplemente porque lo creí como lo socialmente aceptado.

A ambos nos faltó tiempo, puede que incluso ganas de conocernos realmente, y sin embargo, ahora y aunque puede que no sufra su pérdida como la sociedad indica, sí tengo claro lo que más echaré de menos: su sonrisa desdentada; su risa; aquellas carcajadas sonámbulas.
Al recordarlo, me es imposible evitar sentir esa mezcla extraña de alegría bañada en tristeza.

Es posible que no quiera ni pueda llorarlo, pero tampoco olvidarlo.


¿Alguna vez habéis visto una foto y habéis pensado que ha captado completamente la esencia de una persona? ¿que no hace falta decir nada mas sobre ella? a mi me pasa con esta foto que tomé hace algunos años. Cerca de la zona donde hace un año se plantó un olivo que guardara sus cenizas.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Inicio - Fin

He conocido gente maravillosa.
Personas que intentaban salvar el mundo con el esfuerzo de un único par de manos; otras que convencidas de la inutilidad de semejante plan se dedicaban a deshacer lo que aquel par de manos obraban.
He conocido hombres invisibles; hombres cuya alma era enturbiada por la propia soledad,obligados a adoptar un disfraz de indiferencia frente al mundo mientras en silencio permitían veían crecer una gangrena que les encadenaba a la oscuridad.
He tenido primeras impresiones completamente erróneas, creyendo interesante a algún completo gilipollas y rechazando a otros que finalmente comprendí que llevaban una simple máscara.
He olvidado el nombre de gente que creí que iba a echar de menos cada día.
He tenido la mala suerte de tropezar con una persona completamente desquiciada, que primero se obsesionó conmigo, para posteriormente dejar de hablarme, y finalmente desear verme muerta. Todavía sigo pensando que un día saldrá en los periódicos.
También he aprendido a ser tolerante, a armarme de paciencia, a callar aunque supiera que llevaba la razón...

He aprendido muchas cosas y he conocido gente muy grande en estos casi siete años que he pasado en este trabajo.
Me dieron la oportunidad de trabajar con ellos cuando apenas sabía nada, y el viernes, después de tantos años, me fui sin hacer ruido, apenas sin despedirme. Mientras esperaba el autobús una sensación amarga me inundaba la garganta y ya sin nadie alrededor me permití soltar una lagrimilla que cerrara esa etapa, mientras recordaba aquel primer día rodeada de extraños, cuando mi único deseo era no tener que volver jamás allí.

Ya sé, la foto no tiene que ver con nada... pero es mía y me gusta

Hoy he comenzado una nueva etapa, y este primer día ha sido igual de desesperanzador que el anterior. Sentada en una mesa apartada del resto y con la única compañía de un viejo ordenador, me he sentido completamente sola en un lugar repleto de gente. Las horas pasaban y no ha habido nadie que ni siquiera fuera capaz de saludarme, simplemente se limitaban a mirarme con curiosidad al pasar a mi espalda.

En fin, mañana será un nuevo día de trabajo. Seguro que la situación mejora, porque empeorar es difícil.

viernes, 28 de octubre de 2011

Volver a la vida

Domingo 25 de Septiembre del 2011; once de la noche.

Acabo de acostar a Zoe.
Hoy le he leido un cuento de los hermanos Grimm que adoraba cuando tenía cinco años, pero los tiempos parecen haber cambiado demasiado, y me escucha mientras se adormece arropada en su cama, esperando a que el sueño le venza o a que la historia termine al fin. No veo la chispa de emoción en su mirada que yo espero, ni siquiera curiosidad.

Al terminar, la pequeña me pregunta si mañana podrá ver la televisión antes de dormir, y con un puñal en el corazón le miento respondiendo que lo pensaré. Sus ansias de volar parecen crecer día a día, pero me cuesta abrir los ojos. Necesito tenerla a mi lado cada noche. Sus grandes ojos oscuros y sus pequeñas manitas es todo cuanto me queda.

Esta tarde me ha preguntado por qué su madre se fue; con tristeza me ha confesado que ha olvidado su voz, que tan sólo recuerda la imagen de una foto que todavía permanece en un cajón de mi dormitorio. Desapareció de su vida cuando tenía tres años, y solo ha tardado uno en desaparecer de su memoria. Solo espero que un día desaparezca completamente.

Lo intenté un día; borré cualquier rastro de su presencia pretendiendo olvidar que algún día existió, pero no fui capaz de romper aquella primera foto que me regaló una tarde, cuando ni ella ni yo eramos las mismas personas, cuando todavía no dedicaba cada noche a maldecir el día que la conocí.

Un día decidió irse.
Una noche decidió que no quería hacerlo sola.
Y se vistió con su vestido blanco.
Y la vistió con su vestido azul.
No dejó ninguna nota, pero sí sus zapatos en el alféizar.
Y saltó llevándola en sus brazos.

Ha pasado un año y esto es lo único que me queda, un recuerdo que quisiera ser capaz de olvidar.
Me sentaba en el sofá, frente a la televisión apagada, e imaginaba cómo sería mi vida si hubiera llegado cinco minutos antes, solo cinco minutos...; tras varias noches sin dormir decidí hacer lo imposible, devolverle la vida.




Lunes 26 de Septiembre del 2011; diez y media de la noche.

Tan solo queda una semana para su cumpleaños, y hoy me ha preguntado si podrá tener una tarta "de las de los novios" pero con un perrito en lo alto, y reprimiendo las lágrimas le he dicho que sí mientras le besaba en la frente.
Tendrás siempre todo cuanto desees.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Estrellas

Nadie le había presentado las pruebas adecuadas para ello, así que a pesar de contar solo cinco años, no creía en dios.
Sólo creía en la vida tal y como la conocía, sin adornos ni magia fuera de aquellos cuentos que leía antes de acostarse, y así creció sin creer en princesas ni príncipes azules, ni siquiera en reyes magos o ratoncitos pérez, y jamás le importó no hacerlo.

Un día su abuelo le preguntó que si rezaba antes de acostarse, y ella le respondió que no.
La intentó convencer de la importancia de hablar con dios cada noche para que nos protegiera, y sin saber que responder le prometió que lo intentaría.

Esa misma noche intentó rezar, pero no supo cómo hacerlo. Comenzó repitiendo en voz bajita el padrenuestro, ese texto que para ella no tenía ningún significado pero que le habían hecho memorizar, y cuando terminó no supo cómo continuar.

Terminó hablando claramente a dios y le dijo:
- Oye, si quieres que hablemos ¿por qué no puedes bajar aquí? es dificil hablar con alguien a quien no veo, es como hablar con una lámpara o una piedra -, y esperó una respuesta mientras vió correr dos minutos en el despertador.
Cansada de esperar se volvió a dirigir a dios despidiéndose de él
- Ya sabía yo que esto era una tontería y que no existes, me gustaría decírselo al abuelo, pero no quiero darle un disgusto.

En ese momento salió de su cuarto y se dirigió a su madre:
- Mamá, ¿tu rezas?
- No hija, yo no creo en esas cosas.
- ¿Por qué?
- Porque he tenido que sufrir demasiado en la vida como para seguir creyendo.
- ¿Y tu crees en algo?
- Creo en las estrellas - y dirigiéndose a la ventana señaló el cielo - ¿ves esa que brilla tanto?
- Sí, la veo.
- Si te fijas bien verás que parpadea, eso es porque nos está hablando.
- A mi no creo que me hable, no me conoce.
- Claro que te conoce.



Incluso de pequeña era incrédula, como no voy a serlo ahora...


martes, 4 de octubre de 2011

Inestabilidades

A veces siento que nada me importa, que puedo pasar por alto todas las inestabilidades de mi vida, y me engaño.
Comienzo a darme cuenta de ello cuando mis sueños se transforman en aburrida rutina y realidad, y se tiñen de miedos y fracasos.

Hace dos meses que me comunicaron el cierre definitivo de la empresa; desde entonces rumores, entrevistas y negociaciones se suceden sin cesar. Mientras sigo acudiendo a mi puesto de trabajo cada día, aunque no tenga nada que hacer. Todos los días son iguales y sin embargo cada día es distinto y pierdo por el camino las motivaciones iniciales para seguir adelante aprendiendo cosas nuevas y sintiendo que aprovecho el tiempo, y olvido que me gustaba leer, escribir o escuchar música, y recuerdo que hace muchos años ya me sentí así, que dejaba volar el tiempo sin darme cuenta de lo que hacía con él, matándolo simplemente.

Hace tres semanas que me atropelló un coche en un paso de cebra mientras patinaba (o lo atropellé yo, aún no lo tengo claro). Durante dos semanas me dolió el codo y hombro izquierdo y la cadera derecha, por lo que tuve la escusa perfecta para olvidar también que me gustaba patinar y tocar la guitarra.

Me encuentro a veces en casa, en silencio, y miro a mi alrededor sin encontrar algo que me haga reaccionar, creo que podría pasar las horas simplemente mirando una pared si no me esforzara en evitarlo. Me preguntan qué me apetece hacer, a quién me apetece ver, y mi respuesta es clara: dana; nadie.

Tengo diez entradas para el blog en borradores que jamás creo que llegue a terminar, demasiados blogs pendientes que tampoco creo que llegue a leer, y todo el tiempo del mundo para hacerlo sin desearlo. Dentro de poco apenas tendré tiempo para todo esto, quizá sea a eso a lo que le tenga miedo y reacciono de esta manera tan absurda.
Tengo la suerte de haber encontrado otro trabajo en el que empezaré en menos de un mes, pero los cambios en mi vida me afectan como podrían hacerlo a un niño pequeño o a un anciano, es de risa, porque no quiero ser así, pero tampoco puedo evitarlo.

Ayer comencé a aprender una nueva canción con la guitarra; me pregunté cómo era posible que hubiera olvidado con tanta facilidad lo que siento al tocarla, y decidí poner remedio a todo esto.



Y ahora, para que la entrada no sea tan deprimente, un comentario sobre el accidente que sufrí.
No quise decirle nada a mi madre, no me gusta que se preocupe innecesariamente pero tampoco me gusta el hecho de ocultarle algo, así que me esperé dos semanas para decirselo. La conversación fue así:

- Sabes... el otro día me atropellaron mientras iba con los patines
- Ay hija.... ¡si es que van cómo locos! entre los patinadores, los de las bicis y los monopatines, esta ciudad es una locura, ¡a mí también estuvo a punto de atropellarme un patinador el otro día cuando volvía del supermercado, ¡no veas el grito que le pegué!
- Ajá........

No sé si debiera, pero al menos mi conciencia se ha quedado bien tranquila.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Mientras duerme

Un nuevo día.

Quedan al menos veinte minutos para el amanecer; las luces de la calle se filtran entre las cortinas y al mirar hacía mi izquierda puedo verla con claridad.
La escucho respirar profundamente, en silencio, como cada mañana; es el único momento de paz que siento a lo largo del día.

Algunas veces se esboza una sonrisa en su rostro, y la imagino soñando que todavía es niña, montada en un columpio o divirtiéndose con sus hermanos en una mañana soleada, tal vez dibujando caballos alados o jugando a las canicas; tal vez esté soñando conmigo, desearía que no fuera así.

Hace un año dijo que me quería; no supe qué responder.
Me perdí en la inmensidad de sus ojos, en aquella mirada cálida y esos labios rojos que me ayudan a sentirme uno más, y quise decirle que ojalá nunca llegara a saber qué es lo que yo quería, pero lo único que pude decirle en un susurro inaudible fue que lo sentía.

El mundo de mentiras en el que se sumergió por elegir permanecer a mi lado parece no tener fin, y lo ignora todo, a veces me parece increíblemente estúpida, otras me parece que su búsqueda de la felicidad parece no tener límites lógicos. Por qué tenerlos.

Y la observo mientras duerme, antes de que la ansiedad comience a hacerse hueco bajo mi piel y sienta asco por este tipo de vida al que no puedo renunciar, igual que me es imposible prescindir del aire que respiro.



Todos los días parecen ser iguales.

Son las nueve de la mañana. Mi despacho es demasiado grande y el trabajo siempre es poco.
Como un autómata me conecto a internet y abro una sesión de chat. Me encanta la sensación de poder ser una persona diferente cada día, pero ha llegado a obsesionarme, a veces me cuesta saber quién soy realmente. Preparo con intensidad y dedicación cada uno de los papeles que represento.

Un día soy un jovencito que no llega a la veintena y que juega al futbol en el equipo de su instituto y al siguiente soy un hombre de cuarenta años que trabaja como voluntario en la cruz roja. He sido católico, protestante y ateo, he sido negro y oriental, pobre y asquerosamente rico, he sido policía y payaso de profesión, he sido feliz, he visto el fin del mundo demasiadas veces. Puedo ser todo lo que quiera a través de unas pocas palabras y una foto sacada de internet, y quisiera que eso fuera suficiente para mí, pero nunca lo es.

Algunos días consigo preparar una cita entre mi personaje y la persona del otro lado de la pantalla. Si consigo atraerlo hasta un lugar adecuado todo se desencadena rápido.

Me siento cansado de todo esto. Hace tiempo que perdí la cuenta del número, hace demasiado que olvidé cuándo fue la primera vez.
Observo mis manos: fuertes, vacías... llenas de sangre.

Sí, me siento cansado, agotado, pero requiero esas miradas suplicantes, necesito la intensidad de cada último latido como si fueran los de mi propio corazón. Cada puñalada me excita, la sensación de hundir mi cuchillo en su cuello se ha convertido en una auténtica droga para mi, y no soy capaz de saciar mi sed hasta tener frente a mí un cuerpo inerte.

Cada vida arrebatada se convierte en un simple recuerdo, en una fotografía de personajes que desconozco.

Luego llega la noche, me acuesto a su lado y mientras duerme pienso en el número de días que hace que la conozco. Es tan bonita...
Llevo dos años junto a ella y todavía no la he matado.

lunes, 5 de septiembre de 2011

El caracolico

Con aquel curso del 96 finalizaba en mi colegio la última promoción de la extinta egb.

Estaba en octavo curso; con catorce años éramos los mayores del colegio, aunque extrañamente desde nuestra posición no nos veíamos tan adultos como veíamos a los niños de esa misma edad cuando los mirábamos desde tres cursos por debajo, tan fuertes, inteligentes y maduros como los veíamos desde allí abajo. Es curioso como luego miras hacia atrás y te das cuenta de que aunque con distintos juguetes, seguías siendo un niño, de que con un poco de suerte seguirías siéndolo todavía unos cuantos años y con mucha, conseguirías serlo toda la vida.

De cualquier manera, mientras todo el mundo a mí alrededor estaba repleto de sueños y deseando ver pasar los años para poder alcanzar una libertad que todavía no poseían, yo quería dejar de cumplirlos. Siempre había tenido toda la libertad que cualquiera hubiera deseado, pero jamás había hecho uso de ella.
Aborrecía el mundo de los adultos; sus mentiras, su eternas miserias, su tristeza y responsabilidades; en realidad a esas alturas todavía no había aprendido a odiar la vida como llegaría a hacerlo años más tarde, pero de cualquier manera ya tenía la absurda certeza de morir a los 26 años, por lo que tampoco me esforcé en retener ningún tipo de sueño o en buscar el contacto humano a mi alrededor.
Me equivoqué, y no solo en la edad de mi muerte, como podéis comprobar, sino en todo.

Mi timidez en esos momentos alcanzaba tal grado que en las propias clases que siempre preferí mentir y no tener que presentar en voz alta nada que hubiera escrito a tener que hacerlo frente al resto de compañeros. Mas de una vez baje del habituado sobresaliente por aquella época por esta simple razón.

De esta manera, no es difícil imaginar que era el bicho raro de clase, y el cruel objetivo de todo aquel que quisiera pasar un buen rato riéndose de alguien a quien no solo creía, sino que estaba claro que era más débil que él.

A pesar de todo, tenía amigas, o ilusa de mí, eso quise creer.
Pasados los años llegué a comprender que su único objetivo era el burlarse de mi; se sentían poderosas tras conseguir ver lágrimas en mis ojos, superiores cuando me recordaban que llevaba agujeros en las zapatillas de deporte o que la ropa se me había quedado pequeña, orgullosas de sí mismas cuando me llevaban ante un espejo para que observara mi pelo despeinado, mis gafas rotas y unos dientes que apenas me dejaban cerrar la boca o comer con normalidad.

Jamás nadie me ayudó a creer en mí misma, y yo no supe hacerlo sola.
Intenté más que nunca recluirme en mi propio universo, procurando no escuchar las voces que me gritaban desde el mundo exterior, y en lugar de escoger luchar por mí misma, asimilé la idea de pasar lo que restara de vida estando sola. Para mí las historias de amor o amistad no eran más que cuentos que se les contaban a los niños. Jamás creí en el amor, tal vez porque jamás lo había visto con mis propios ojos.



¿Y a qué viene todo esto? pues ni lo sé.... Hoy leyendo el blog de sonámbulo, el cual os recomiendo porque escribe genial o vamos porque sí, porque me da la gana, recordé una historia del colegio.

Ese último año de colegio, hacia finales de curso, me sacaron a la pizarra en clase de inglés.
La profesora, una terrible vieja que había creado su propio dialecto a partir del inglés tradicional, me dijo que escribiera en la pizarra "Six". A pesar de que mi nivel de inglés en ese momento era digno de dicha profesora, conocía el significado de esa palabra, y desde luego sabía escribirlo, pero mi cabeza ante algunas situaciones se colapsa, por muy estúpida que parezca la situación.

Se me comenzó a nublar la vista, todo parecía dar vueltas a mi alrededor, y como si de un eco se tratara sólo escuchaba los gritos de la profesora repitiéndome que escribiera six en la pizarra; mientras tanto yo luchaba por mantener el equilibrio e intentar no hacer mas el ridículo. Hasta que la profesora con toda la rabia que acumulaba en sus carnes me grito con furia, "Eres tonta o qué, que escribas six, ¡¡SIX, el caracolico, dibuja el caracolico!!".

Por fin fui capaz de volverme hacía la pizarra, y así lo hice; dibujé un bonito caracol.

viernes, 26 de agosto de 2011

Extraños

Para ella no existía el ayer, pero tampoco el mañana; vivía un presente eterno.

Se negaba a anclarse en el pasado y por eso lo tenía siempre bien guardado en un cajón. No quería perderlo completamente pero tampoco tenerlo siempre a la vista, así que no encontró otra alternativa.

Respecto al futuro, era consciente de que siempre estaría acechando su sombra, no era una ilusa, pero jamás le importó y prefirió simplemente, mirar hacia otro lado y dejar de cumplir años.

Sus paredes estaban decoradas con estrellas de mar y con sueños, pero jamás con fotografías; no necesitaba una imagen de la gente a la que quería o había querido, ni siquiera de los que ya no existían; a todos ellos los llevaba grabados a fuego en su mente, un material mucho más poderoso que el papel fotográfico.

Así era que una caja guardaba la parte menos importante de todos sus recuerdos, y sólo de vez en cuando se permitía la debilidad de abrir esa caja y contemplar las pocas huellas impresas y visuales de su pasado.

A veces, en un intento por borrar del pasado su propia huella, partía las fotos deshaciéndose de la mitad que le correspondía, dejando así retazos de un pasado que parecía querer borrar poco a poco.



Un día se encontró una foto de carnet dentro de un libro.
No conocía a aquella persona ni sabía su nombre, pero dado que eso implicaba no tener ningún tipo de recuerdo no solo la guardó, sino que la colocó en una de las habitaciones.

Con el tiempo, su colección de desconocidos aumentó.
De vez en cuando se paraba a mirarlos, les preguntaba sus nombres e intentaba adivinar sus sueños a través de sus rostros hasta llegar a construirles una historia.

Pasaron muchos años antes de que una de sus hijas se atreviera a preguntar por qué no tenía fotos suyas colocadas en casa como hacían los padres normales y sin embargo sí de desconocidos. Ella sólo respondió que no las necesitaba.

Nunca le había gustado sentirse diferente al resto, le hacía sentirse ridícula, así que en un acto de desafío hacia su madre, le regaló un marco de fotos. El primero.

Aceptó el regalo con extrañeza pero de buen humor.

Años después el retrato de aquellos desconocidos con que venía el marco continuaba en el salón de mi casa, y mientras mi hermana miraba con odio a los extraños e incluso con rencor a mi madre yo sonreía al pensar lo que me encantan sus rarezas.

martes, 23 de agosto de 2011

A diez la hora

Quedan catorce horas, veintidós minutos. Espero no llegar tarde.

El tiempo parece transcurrir demasiado despacio, y este coche avanzar demasiado lento. Tal vez sea la prisa y el cansancio los que provoquen esta sensación, pero el camino me parece interminable.

Miro a la derecha. Todo parece más grande desde aquí.

La sensación debe ser similar a la que se puede sentir en una pequeña barca en mitad del océano mientras miras a tu alrededor y sólo eres capaz de contemplar la inmensidad de tal extensión de agua, e incluso eres capaz de apreciar la curvatura de la tierra allá dónde tierra y cielo se unen, y entonces, en un primer instante parece que el peso de la gravedad sobre tu cuerpo sea mayor, te sientes pequeño e insignificante al darte cuenta de que en ese momento podría tragarte la tierra y nada cambiaría. Podríamos decir que te das un baño de realidad.

Abres bien los ojos, miras a tú alrededor con asombro intentando grabar en tu memoria esa instantánea para no perder ningún detalle, y el tiempo pasa.


Miro a la izquierda. Comienzo a poder pestañear.

Imposible perderse ningún detalle, simplemente no hay detalles.
Tierra y más tierra, ni siquiera un triste cactus de esos tan graciosos con brazos que salen en las pelis americanas, ni una bola de ramas secas de las que ruedan, ni buitres esperando tu muerte, ni indios persiguiéndote; no hay absolutamente nada más que un terrible sol y un cielo completamente despejado.

Si al menos hubiera una puñetera nube en el cielo podría jugar a buscar formas o entretenerme viéndolas pasar, pero lo único que hay es una carretera mal asfaltada que ya no tengo claro si lleva a algún sitio o no tiene final. Quizá me esté conduciendo al infierno; con este calor y esta sed, se le aproxima bastante.

Ahora lo miro conducir. Tan blanquito y frio, tan silencioso y potencialmente mortal. Por qué demonios no me gastaría un poco mas de dinero y compraría uno que fuese capaz de dar un mínimo de conversación, o al menos que llevara música incorporada. No me gustan los humanos, pero en este momento incluso agradecería tener uno cerca.

Qué es eso que veo a lo lejos... ¡una estación de servicio!
- Para ahí.
- Sin problemas.

Después de tantas horas sentada creí que no sería capaz de recordar cómo utilizar las piernas, y casi no me equivoco, parezco una anciana con artrosis al intentar salir del coche.

Acceder a la zona de sombra me devuelve la vida, y el saborear el aire acondicionado me hace desear olvidar mi destino y establecer mi residencia habitual en este lugar, sea cual sea y esté donde esté, pero dejemos las tonterías para más tarde y veamos qué precio lleva todo por aquí.

- ¿Cuánto vale este bono de doce horas?
- 120
- ¡120! ¡pero qué barbaridad! sabéis que sois unos estafadores, ¿verdad? Mmmmmm bueno, me lo quedo, pero debes saber que me dais asco.
- Como si me importara lo que dices. Saca la pasta y yo saco la mercancía. No money, no time.
- Aquí tienes, pero más vale que a ese precio seas capaz de hacerlo bien.
- ¿Derecho o izquierdo?
- Derecho. El izquierdo ya se llevó el anterior pinchazo.
- Como prefieras. Cierra los ojos, sólo serán unos segundos.
Casi he terminado.... y ya. Ya puedes abrir los ojos cuando quieras. Buen viaje.

Abro los ojos.
Me he gastado prácticamente todo lo que tenía en quitarme de encima diez horas, pero ha merecido la pena, solo quedan dos horas y diez minutos... todavía quedan dos horas y diez minutos.

El paisaje es igual de asqueroso, tierra y mas tierra allá donde mire, pero ahora sin luz. Ni siquiera las estrellas sabrían que hacer en un lugar así. Si tuviera dinero...

viernes, 19 de agosto de 2011

Bocetos

Me mira sin ver; con la mirada perdida, una sonrisa en los labios y un profundo silencio.

Cuando me habla lo hace pausadamente, parece querer hipnotizarme, y creo que lo consigue; en ese momento no soy capaz de mirar más allá de sus ojos; ni siquiera me importan las palabras, creo que podría pasar horas escuchando su voz o perdida en la profundidad de sus ojos. Tal vez sea esto lo que llaman amor, o tal vez esté perdiendo la cabeza y no me importe, pero a veces…

Si fuera capaz de escuchar sus pensamientos sofocaría esa inquietud que a veces siento cuando me mira; sólo necesito conocer lo que se esconde tras cada palabra silenciada para conseguir matar todas esas las dudas que noche tras noche se acumulan en mis sueños. ¿Y si le hablara, si le preguntara? Sería tan fácil como eso, pero no… no quiero que sienta desconfianza por mi parte, no quiero darle una oportunidad para alejarse de mí. Sé que en el fondo no lo merezco.

Y de nuevo llega la noche. Me mira, y en silencio, siempre en silencio, me abraza, me desnuda y me hace olvidar todas mis dudas bajo el peso de su cuerpo, cuando ya nada más importa.

Cierro los ojos; es entonces cuando comienzan las pesadillas. Mi mundo se viste de oscuridad y dolor, de gritos y sangre.

Llaman a la puerta; siempre llaman a la puerta. A veces es un simple comercial de fe, otras veces un vendedor, un familiar o un amigo, no importa, siempre es lo mismo. Con esa eterna sonrisa en los labios los invita a pasar y les ofrece un café mientras cierra la puerta tras ellos. Se asoma a la ventana; nadie. Agarra un martillo, y sin perder la sonrisa lo hunde en el cráneo del visitante que espera café.

Apenas les da tiempo de reaccionar; un golpe seco, sangre que brota, un gemido ahogado, e invariablemente abrazan el suelo con los ojos aún abiertos.
Él les observa en silencio esperando un movimiento mientras cuenta hasta diez en voz alta. Si todavía se mueve le asesta un nuevo golpe en cualquier parte de su cuerpo, y cuando por fin todo parece haber terminado coge una libreta, escribe la fecha en la parte superior y comienza a dibujar.
No es su intención quitarles la vida, pero a veces le es difícil contener la emoción. Cuando eso sucede abre la puerta del sótano y simplemente los deja rodar escaleras abajo; cuando consigue controlarse intenta completar su colección.

Es un sótano demasiado grande para pertenecer a una casa normal, con una pequeña luz que evita que se encuentre completamente en penumbras. En su interior se encuentran tantos restos como despojos humanos que aún tienen la desgracia de tenerse en pie. Todos despertaron allí; arrancados sus ojos, algunos lo hicieron sin volver a ver, otros jamás volvieron a saber lo que era tener piernas, pero todos perdieron la esperanza el primer día que tuvieron que alimentarse de carne humana.

Luego me despierto. Las nauseas me inundan y corro hasta el baño; al volver al dormitorio veo una mancha de sangre en la puerta del sótano y pienso en que hace tiempo que parezco aislada del mundo, pero no, no puedo preguntarle, no quiero alejarme de él ni arriesgarme a tener que olvidar.

viernes, 12 de agosto de 2011

¿No te cansas?

- Papá... ¿no te importa tener que traerme aquí cada tarde? - No hijo. - Y ¿por qué? - Porque me encanta este lugar. Y tú, ¿no te cansas de venir? - Tampoco En un pequeño rincón de este país escuché este fragmento de conversación entre un padre y su hijo. Ojalá pudiera recordarlo siendo yo aquel niño... ojalá pudiera tener la oportunidad de cansarme de un lugar así.

lunes, 1 de agosto de 2011

Soy una zorra, y yo sin saberlo.

Soy una zorra, y yo sin saberlo.

Como no lo acabo de comprender (además de zorra debo ser tonta de remate), echo mano de internet para intentar aclarar mis ideas y saber si debo o no debo mosquearme.

El primer lugar al que acudo es la rae, y esto es lo que encuentro:
1. f. Mamífero cánido de menos de un metro de longitud, incluida la cola, de hocico alargado y orejas empinadas, pelaje de color pardo rojizo y muy espeso…. Para para, creo que definitivamente esta acepción no es correcta para mí. Yo no soy pelirroja. Sigamos.
3. f. Carro bajo y fuerte para transportar pesos grandes. Espero que no hayan querido llamarme carro riéndose de mí, porque lo que es fuerte fuerte, no es que sea.
4. f. prostituta. No creo que hayan querido llamarme algo tan feo, trabajo con personas adultas y responsables, no con seres prehistóricos, además, tengo pinta de cualquier cosa, pero de puta no. Sigo adelante.
5. f. coloq. Persona astuta y solapada. La verdad es que no sé qué es lo que querrá decir con la palabra solapada, pero mola que piensen que eres astuto. Creo que a esto es a lo que se debían referir.

Pues oye, que me quedo más tranquila. Estaba comenzando a pensar que cuando ciertos compañeros de trabajo denominaron como zorras a toda mujer capaz de llevar pantalón corto estaban diciendo algo malo, pero realmente tienen toda la razón. Mi astucia para sofocar los pocos días de calor de este verano, no tiene límite.

Tal vez un día venga a trabajar en pelotas, pero mientras, ¡voy corriendo a darles las gracias por el piropo!

martes, 12 de julio de 2011

Dos tomates, una lechuga

Una gran ciudad; el aislamiento máximo disfrazado de libertad, revestido en ladrillo y hormigón.

Como una niña perdida busca a su alrededor alguien que le tienda una mano y la saque de aquella aplastante soledad; se siente perdida, cobarde y frágil mientras observa la calle desde el zaguán de la puerta.

La lluvia comienza a caer lentamente; demasiado lentamente.

Imagina que la fuerza de la gravedad ha perdido fuerza; quiere creer que el tiempo ha moderado su fulminante avance, y durante unos minutos juega a seguir con la mirada el camino de cada gota de agua y atraparla entre sus dedos alterando su destino.

La emoción la ahoga. Desearía ser una simple gota de agua, olvidar aquel miedo a la humanidad y al inevitable futuro, y caer, simplemente caer.

Cierra los ojos; cuenta hasta cinco; da un paso al frente.
Siente frío al sumergirse en aquella marea humana; la garganta le quema, reprime una sola lágrima, las siguientes las mezcla con la lluvia. Intenta contenerse, se repite que no hay nada que temer, busca tranquilidad en la inmensidad de aquel cielo gris y sin llegar a encontrarla, decide comenzar su camino.

Se cruza con cientos de personas de miradas indiferentes, y a pesar de saber que nadie la mira, se siente observada, juzgada y condenada. Su respiración se entrecorta; le cuesta respirar con normalidad, pero sigue adelante, en silencio y con la cabeza agachada bajo la lluvia.

Tras cinco interminables minutos, llega a su destino. Con voz tímida pide un par de tomates y una lechuga; entrega un billete de cinco euros, introduce las vueltas en un bolsillo y al salir por la puerta parece sentirse liberada.



Se encuentra de nuevo en la calle; el cielo continúa llorando, pero aunque igual, todo parece haber cambiado en ella; sonríe con la ilusión de un niño que comienza a andar y se atreve a mirar al frente mientras camina.

La calle está vacía cuando se encuentra de nuevo con aquellos ojos claros que un día no llegó a olvidar.

La bolsa cae, los tomates ruedan sobre un charco, y esta vez, en silencio, sin ofrecer ningún tipo de resistencia observa desde fuera de sí misma como su cuerpo es apuñalado hasta caer sobre el asfalto mojado; contempla como brota la sangre mientras la desconocida sonríe y se aleja en silencio.

Vuelve en sí misma en el mismo instante en el que un rayo cruza el cielo para despedirla de este mundo, y mientras se pregunta si es miedo o tal vez paz lo que siente.

miércoles, 6 de julio de 2011

Olor a mierda

El mayor problema de un sistema corrupto o injusto es el hecho de que la propia gente que lo sufre lo cree como la única opción.

Tal vez es que no he visto ni vivido todavía lo suficiente como para rendirme a la evidencia de que este es un país dónde el catetismo ilustrado no tiene límite.

¿Por qué o por quién luchar cuando en lo primero que deberías creer (la gente) te da la espalda y te hacen ver que luchas contracorriente por unos ideales absurdos? Que queda en ese punto, unirte a la masa informe de mierda y formar parte de ella hasta acostumbrarte a su olor u observarla desde fuera apenas pudiendo respirar del hedor.

Y ahora tengo dos opciones. Intentar construir una bomba atómica casera para evitar el sufrimiento de estos pobres mortales (no me deis las gracias), o irme de rebajas.

Pensándolo bien, apostaré por lo más sencillo; me voy de compras.
Espero encontrar de rebajas algo efectivo contra el olor a mierda, una mascarilla antigas tal vez, que con este calor se está haciendo insoportable.



* Aclaración: dada la duda que estoy generando con esta entrada quiero pedir tranquilidad, no sufrais por mí alma, no estoy tan mal como para ahogar mis penas en las rebajas. Era coña.
Cualquiera que me conozca sabrá que las ahogaré de una manera mas saludable: a base de alcohol. Típico, ¿verdad? que asco me da ser tan típica... mejor beberé aguarrás.

martes, 21 de junio de 2011

Johnny Guitar

Camina lentamente, con dificultad.

Ochenta y cuatro años le han permitido acumular toda una vida en recuerdos; algunos consiguen ver la luz, otros se han perdido en la oscuridad de su memoria, tal vez para siempre.

Un par de acordes de guitarra consiguen detener el tiempo; con cierto temor solicita permiso para escuchar, y absorto mientras el sol de junio calienta sus manos y el cierzo azota su rostro, se detiene a recordar.
Las guitarras interpretan una melodía; él escucha otra diferente.
Sentado frente a él, sólo ve a su padre dándole lecciones de guitarra y solfeo, mientras él, un niño que sólo quiere jugar, se esfuerza por permanecer quieto y atender.

Entonces alguien le tiende una guitarra española.
Sus dedos comienzan a acariciar las cuerdas con mimo; recorren cada cuerda, buscando una sinfonía del pasado que tal vez jamás existió, mientras sus ojos poco a poco se apagan.
Como por arte de magia suena una nota capaz de materializar un pasado confuso, y permite nacer de entre sus manos una balada que años atrás repitió una y otra vez.



Su sonrisa desdentada y sus ojos iluminados de nostalgia le dan desde ese día un valor añadido a mi guitarra.
Creo que jamás podrá ser tocada con un sentimiento y una ternura mayores.

viernes, 17 de junio de 2011

¿Quieres trabajo? suplica y tal vez te de una oportunidad

Me citan en el culo del mundo a las 18:30.
Cinco minutos antes de la cita estoy allí e intento buscar una puerta por la que entrar al edificio, pero todo está cerrado. Desconcertada doy media vuelta comprobando si me he equivocado de edificio (no sería la primera vez) hasta que escucho pasos a mi espalda que me buscan.
Cuando me acompaña a la sala en la que debo esperar me doy cuenta de que en ese momento están realizando otra entrevista, y a través de los cristales reconozco a uno de mis compañeros de trabajo en la sala contigua. La pared es un simple cristal traslúcido, por lo que escucho completamente la entrevista; ese es el primer momento en el que pienso que las maneras de esta empresa no son serias.

Tras media hora esperando y rabiando por llegar tarde a clase de fotografía entran en mi sala las dos señoras, Comecarroña y Apuntadora.
Comienza la entrevista.

- Supongo que ya sabes cual es la situación de tu empresa y que la nuestra se queda con el proyecto que llevaba tu empresa y en cual trabajabas.
- Sí, mas o menos estoy enterada.
- Bien, cuéntanos algo sobre tu formación y el puesto que desarrollabas en el proyecto.
- Blablabla
- ¿Y cuanto tiempo te costó adaptarte al puesto que ocupabas? (seguro que está pensando: vamos a ver si contratando a un novato nos ahorramos a alguien mas caro)
- Pues no recuerdo. Unos meses.
- ¿Y por qué te sacaron del proyecto?
- Debido a una rebaja de presupuesto del cliente tuvieron que recortar el equipo.
 - ¿Y en ese proyecto con quién trabajabas? (como si no lo supieran de antemano teniendo gente que trabajaba con nosotros…)
- Pues con Asterix, Obelix e Ideafix. (lo apuntan las dos en sus papeles… raro)
- ¿Podrías decirnos una cualidad que caracterice a cada uno de ellos? (¿¿¿qué???)
- Emmmm, no sé, son los tres buenos compañeros de trabajo y he trabajado muy a gusto con ellos.
- Pero algo mas concreto, seguro que después de tantos años puedes definirnos de alguna manera. ¿Con qué palabra definirías a cada uno?. (y me pregunto quien le interesa realmente a esta tía, yo o mis compañeros… que tontería me pregunto, desde el principio sé que si ellos continúan ahí es por algo)
- Bien, pues Asterix es muy trabajador, Obelix sabe muchísimo de su trabajo e Ideafix es una persona muy organizada. (que tonta soy, ¿por qué he acabado diciéndole nada? Malditos nervios…)
- Entonces quieres decir que Obelix es mejor que Asterix….
- No, no, yo he dicho eso.
- Ya bueno, pero sí que podríamos decir que si tuvieras que poner a uno de los tres de jefe sería a Ideafix debido a que es el mas organizado…
- Tampoco he dicho eso.
- Vale, pero volviendo al asunto, si tuvieras que dejar fuera a uno de ese equipo, ¿a quien sería?
- A ninguno; los tres son competentes y eficaces.
- Pero seguro que hay alguno que lo esté menos. (ya empiezo a estar hasta los cojones de esa empresa, creo que aunque me ofrecieran el puesto se lo podrían meter por el culo)
- Pues entonces tal vez me eliminaría a mi misma.
- Pero…. estás compitiendo por el mismo puesto que ellos, no puedes decir eso, ¿es entonces que no te ves capacitada para esa responsabilidad?
- Claro que me veo capacitada, llevo haciendo eso seis años, pero ellos son tan capaces como yo.
- ¿Y qué estas haciendo ahora mismo?
- Estoy con formación interna en la oficina.
- El ambiente allí debe ser muy malo, ¿verdad? Porque claro, toda esa incertidumbre de no saber cuanto aguantará la empresa en pie, porque cuántos estáis en la oficina.
- No sé, no me acuerdo.
- 27. Están 27  (¡vaya con la Apuntadora!)
- Uffff que mal, y todos allí parados sin hacer nada todo el día, se debe estar fatal en esa situación, ¿verdad?
- No, te equivocas. Estaremos 27 pero no estamos todos parados. Y no, el ambiente no es malo dada la situación que vivimos.
- Aun así cuanta gente hay parada en total, ¿un 70%?
-   (joder, pero si sabe mas que yo…)
- Pues es que así no se puede aguantar mucho tiempo, porque además vuestra coordinadora es un pelín incompetente, porque quién manda mas ahí, ¿ella o vuestro jefe de proyecto?
- Pues no sé, supongo que cada cual mandará mas en lo que tenga que mandar…
- Bueno bien, ¿Cuánto cobras actualmente?
- Mmmm xmil. (como si no lo supieras…)
- Hemos dispuesto un salario que no admite ningún tipo de negociación para cada uno de los puestos, así que vamos a pagar en función del puesto y no de la experiencia que esa persona pueda tener, aunque sea en ese mismo puesto.
- …… (genial, pues contrata a alguien que no sepa nada y no te aproveches de la gente)
- Muy bien, ¿y cuanto estarías dispuesta a rebajar tu sueldo actual para optar al puesto? (¿cómo? Creo haber escuchado mal, ¿que cuanto estoy dispuesta a dejarme pisotear por vosotros? eso es un buen buitre... ofrecerle a un programador con seis años de experiencia en un puesto concreto 15000 putos euros. De VERGUENZA a lo que se ha llegado en este país, me dan ganas de decirle que no hace falta que me pague, que ya trabajo gratis si eso)
- NADA.
- Ahhh…. Bueno lo apunto. Y a pesar de saber la situación de tu empresa, sigues opinando eso. (apunta, apunta, pero deja que me largue ya... a ver si aún llego a fotográfía, y a ver si al siguiente eres capaz de meterle mas miedo del que intentas meterme a mi)
- SI.
- Vale, muy bien. Ya te llamaremos para decirte algo.
- Ok. Hasta luego. (tranquila, ni me llamarás, ni espero que me llames, ni quiero tu mierda de limosna.)

Hasta aquí a las agresivas tácticas que los departamentos de recursos humanos pueden llegar para conseguir demostrar quienes son los que mandan sobre quien. El intento de presión y de miedo por su parte son vergonzosos, el de que nos apuñalemos los unos a los otros; gente con la que he trabajado durante seis años, pero también reido, disfrutado y aprendido... y poco mas que comentar sobre las entrevistas que son meramente un recurso para obtener información y ayudarles a hacer su elección, en la que claramente no estaba desde el principio.
Y aunque me lo ofrezcan, por mi pueden meterse su puto trabajo por el culo; si necesitan a alguien desesperado, cubierto de miedo y al que arrebatar su dignidad como trabajador, que sigan buscando.


(Si en algún momento llego a completar dos años en paro, ya veré donde guardo la dignidad, mientras, intentaré conservarla)

lunes, 13 de junio de 2011

Despierta

Abro los ojos.
La oscuridad es tan intensa que por un instante la idea de haber perdido la vista me cruza por la mente acelerándome el corazón.
En un intento por captar algún tipo de luz abro mas los ojos; sé que eso no va a servir de nada, pero en ese momento no es el sentido común el que rige mis actos.

Permanezco incorporada en la cama, inmóvil y en silencio, hasta que siento un movimiento junto a mí que me corta la respiración. El pánico me inunda, me llena los ojos de lágrimas; me impide pensar.

Mis ojos están comenzando a acostumbrarse a la oscuridad cuando un leve roce en el brazo me hace reaccionar bruscamente, y a pesar de todavía no ser capaz de identificar mas que formas a mi alrededor, me pongo en pie e intento huir torpemente saltando sobre aquel cuerpo desconocido, tropezando con él y torciéndome un tobillo al caer al suelo.

El silencio todavía inunda la oscuridad; no dice nada, pero siento su mirada en mi espalda mientras me abalanzo contra la puerta para conseguir escapar.

La puerta se abre; el lugar sigue estando oscuro, pero soy capaz de distinguir con bastante claridad una escalera que en ese momento me parece un camino a la salvación. Bajo lo mas deprisa que me permite mi tobillo dolorido y mis pies descalzos, tropezando una y otra vez hasta llegar a la puerta de salida, hasta la decepción; al intentar abrirla me doy cuenta de que no soy capaz de abrirla.

Me quedo mirando la puerta sin saber qué hacer. Noto las lágrimas brotar de mis ojos mientras escucho que alguien baja corriendo las escaleras hasta mí y me agarra por los hombros.

No me atrevo a darme la vuelta hasta que escucho una voz que me dice: "Despierta y vuelve a la cama".



Además de tener sueños bastante raritos, soy sonámbula.
Según van pasando los años mi costumbre de pasear y hablar dormida va disminuyendo, pero cuando mi rutina cambia y duermo en un lugar que no es mi casa me desoriento de tal forma que me suelen pasar cosas así. Por suerte siempre he tenido a alguien que me detenga antes de lanzarme a la calle, o en el peor de los casos, por la borda...

miércoles, 8 de junio de 2011

Pequeños orcos

Este fin de semana participé en la feria medieval de un pueblo con una extraordinaria natalidad, y en el que el condimento esencial en la comida de los niños son anfetaminas, o al menos mis sospechas son esas.

Aquello no eran niños, eran orcos disfrazados de niños que te hacían desear la representación de una ejecución pública.

La manada completa de criaturas era tan libre como salvaje, y se esforzaron en hacernos comprender quienes eran los que mandaban en aquel territorio, arrasando con todo a su paso.

El espectáculo con el mago fue de chiste. Los niños se abalanzaban sobre su mesa subiéndose encima y tocándolo todo mientras le gritaban que eso también sabían hacerlo ellos, que no eran tan tontos y no les engañaba. En un par de ocasiones tuvo que pasar un par de minutos diciendo “niño, devuélveme eso”; el niño, miraba primero a sus amiguetes, volvía después su mirada hacía el mago de manera desafiante, sonriendo en silencio e inmóvil.

Parecía que entre los animales se encontraban más en su hábitat, y demostrando una falta completa de sentido común no quisieron comprender lo que la zona de seguridad indicaba y se dedicaron a intentar acariciar al buitre, a putear a las águilas, meter sus pequeñas manos dentro de la jaula del lince, tirar del rabo a la zarigüeya y patear a los caballos.

Después vino la representación del asalto al castillo; disgustados por no poder participar de otra manera, se les ocurrió la brillante idea de acumular una buena cantidad de piedras para poder divertirse a su manera. La lluvia de flechas y las luchas parecía no ser suficiente para mantenerlos sentados, callados y en silencio, y así cada vez que alguien representaba una muerte se dedicaban a apedrearlo al grito de “que no está muerto, míralo, ¡si se ve que sigue respirando!”

Para finalizar la tarde, se organizo un taller para enseñar a los niños a usar espada… ¡¡ohhhh que buena idea!! ¿Quién sería el lumbreras al que se le ocurrió la genial ocurrencia de darles espadas de madera a esas criaturas? Se les enseñó a empuñarla (aunque dudo que requirieran de esa enseñánza) y a pegar contra un escudo, y hasta aquí todo fue bien, pero uno de los mostruitos pegó tan fuerte que rompió la espada, y a raíz de aquello el resto de niños no quisieron ser menos, y el que no la conseguía romper contra el escudo lo intentaba contra el suelo, y el que no, encontraba un mejor objetivo para su espada que aquel escudo y se centraba en arremeter contra la entrepierna de aquel que le había entregado la espada.

¿Y los padres? NPI. Creo, que bebiendo cerveza mientras reian sus gracietas a lo lejos.















lunes, 30 de mayo de 2011

Y un día, abrió los ojos y lo llamé Sión

Me vio crecer; me vio transformarme en mí misma, y lo hizo permaneciendo a mi lado como pocos seres humanos han sabido o querido hacer, ofreciendo todo por nada.

Mientras, lo vi crecer; lo vi envejecer, y finalmente no pude evitar verlo morir.
El destino quiso que no olvidara la celebración de mis veinticuatro años, y que fuera ese el día elegido para borrar de mi vida a aquel pequeño gran ser que estuvo a mi lado durante diecisiete años.

Los meses pasaban, y seguía sintiendo una especie de vacío que sabía cómo, pero por alguna razón no quería llenar, hasta que de nuevo el destino, la suerte, o la mala suerte se cruzaron en mi camino; y desde debajo de un coche me miró.
Volví a casa sin poder olvidar su mirada suplicante ni su cara ensangrentada, y volví a por él.
En el veterinario me ofrecieron dos opciones; realizarle una operación de reconstrucción de la mandíbula, partida en 17 trozos, y extraerle uno de los ojos que estaba muy dañado, o poner fin a su vida. El coste de la operación era bastante alto pero no tuve valor para sacarlo de la calle y condenarlo por un puñado de euros, así pues acepté la operación, para que horas después me dijeran que no la había soportado. Tan solo me alivia el saber que murió sin dolor y apartado de la lluvia y el frio de aquel día. En realidad poco más pude haber hecho.

Pasó poco tiempo mas hasta que encontré un gato joven en la calle que parecía haber perdido a su dueño y quise llevarlo a casa, pero entre todos me convencieron de que el gato estaría bien en la zona en la que vivía. Al día siguiente lo encontré muerto en la calle de camino a casa.





Llegó a mi vida en una pequeña caja de zapatos.
Sus ojos cerrados no podían ver que estaba solo en el mundo, pero su cuerpecito si sentía la ausencia del calor de su madre junto a él.

Cuando vi aquella cosita con aspecto de rata que lloraba como un bebe y con el cordón umbilical todavía pegado a su cuerpo no pude reprimir las lágrimas. Lloré como llevaba tiempo sin hacerlo, pregunté con rabia por qué tenían que torturarme de esa manera, por qué me habían elegido a mí para ver morir a aquel pequeño gato desahuciado.

Luchando contra mi misma por tratar de comprender que todavía estaba vivo y tenía que tratarlo como tal, lo alimenté cada tres horas, conseguí mantener constante su temperatura y en funcionamiento su intestino, todavía a medio formar.
No he tenido peores sueños que esos días en los que me despertaba cada hora pensando que lo encontraría muerto.

Y un día, abrió los ojos; fue entonces cuando lo llamé Sión.

Seis años después lo miró y me recuerda que jamás hay que darse por vencido antes de tiempo.

martes, 17 de mayo de 2011

Un último consejo

Me miras; me observas como si te conociera, y sin embargo no consigo recordarte.

No logro recordar esos angelicales ojos claros que me miran con rencor, tampoco esa sonrisa garabateada en rojo que parece salida del mismo infierno, pero continúas mirándome, esperando algo, quizás una pregunta o tal vez algún tipo de reacción por mi parte, pero lo observo todo como una mera espectadora, me veo a mi misma petrificada ante ti mientras te observo con cara de tonta mientras tu melena corta y oscura se mueve al compás que le marca el viento que se cuela por la ventana.

Las palabras no consiguen hacerse un hueco entre mis labios; mientras, sólo me queda preguntarme por qué sigues mirándome, ¿por qué lo haces? ¿no te has llevado suficiente?, acaso no me has robado ya demasiado como para necesitar verme sufrir, cómo para esperar una súplica, un lamento o incluso observarme implorando un perdón que no comprendo... no es suficiente con todo esto, ¡qué pretendes, qué más buscas!



Sus ojos abiertos continúan mirándome, parece que quisieran decirme algo que su cuerpo inerte ya no puede decirme, tal vez quiera explicarme la razón de todo esto, o tal vez lo que quiera es dibujarme el pasado en un papel antes de dejar de existir, pero jamás lo sabré.

Un hilo de sangre brota de la comisura de sus labios mientras continúa gritando desconsolado y en silencio, saboreando su último aliento, mientras tú sigues observando en silencio cómo veo morir a mi padre sin ser capaz de mover un solo dedo por él.

La sangre que se escapa de la herida abierta en su pecho me hace retirar la mirada. No me hace falta seguir mirando para comprender que ha dejado de existir.
Te miro; me tienes frente a ti para intentar hacerme comprender, para empuñar de nuevo tu arma y escribir mi final, para hacer lo que quieras hacer, lo que sea que necesites.

Me podrás ver morir, esperar la muerte en silencio, pero jamás me verás suplicar, puedes estar segura de que no te daré ese último placer.

Y ahora solo puedo darte un último consejo: mátame; de lo contrario no dudes que jamás olvidaré tus ojos, serás tú la que un día pruebes el sabor de la sangre y yo la que busque venganza y no requiera palabra alguna.

jueves, 5 de mayo de 2011

Siempre me ha encantado el color rojo

Llevo mucho tiempo ansiando este momento, pero por fin lo he alcanzado, por fin creo haber encontrado mi lugar.
Me siento tan libre que no creo que pueda existir un futuro, y contemplo la vida como un presente infinito en el que no existe un principio ni un final que marquen meta alguna.

Cada pizca de rabia, rencor o de odio han quedado atrás, olvidados completamente. Odio... qué era el odio ¿cómo pude jamás haber odiado si ni siquiera recuerdo el significado de dicha palabra? ¿Cómo es posible odiar cuando eres feliz?

Lo que nadie sabe, lo que tampoco yo querría saber, es que me nutro del aire que respira cada ser vivo, de la injusticia que me rodea y del dolor ajeno para prolongar y hacer posible mi felicidad. Creo poder alimentarme de cada mirada de tristeza y cada lágrima mientras la furia y la agonía me dan la fuerza necesaria para sobrevivir a esta vida eterna que he inventado.

Quisiera encontrar un alimento distinto que el dolor ajeno, de verdad querría hacerlo, pero realmente no voy a intentarlo. ¿Quién se preocupará por mi?, ¿quién caerá en mi lugar?, ¿quién me permitirá volar, quién ser feliz? Prefiero mirar de reojo a la realidad que pegarme con ella de frente, y mientras, caminaré sobre la soledad de este mundo miserable con la cabeza bien alta, como una luz entre la oscuridad para todos aquellos para los que creo ser el centro de sus vidas.



Despierto.
Las risas que escucho a mí alrededor me apuñalan cruelmente, pero a nadie parece importarle. Pasean sus repugnantes miradas de felicidad frente a mí sin querer ver ni comprender lo que están haciendo.
En un momento lo he perdido todo. No soporto lo que estoy viendo, me tiemblan las piernas, caigo de rodillas sobre un duro suelo de realidad.

Durante todo este tiempo he estado intentando evitar pensar en ello; he conseguido bloquear todo tipo de pensamiento referente a este odioso destino, igual que aquel que se niega a pensar que a toda vida le acompaña de la mano la sombra de la muerte. Fui ilusa al creer que no existía un final.

Busco la soledad, pero sus risas me persiguen, cada segundo me hunden mas en un agujero del que ya no sé si será posible escapar. Sus risas retumban en mi cabeza, lo envuelven todo, lo ocultan y destrozan todo por lo que luché.

Cuando creo haber perdido la esperanza, encuentro una sonrisa guardada en un cajón y una esperanza arrinconada en un armario.
Vuelvo sobre mis pasos con la esperanza de encontrar aquellas risas que tan profundamente me hirieron, y ahí están. Algunas se han escondido, tal vez temerosas, pero no es tan fácil esconderse de mi.

Desentierro la sonrisa de mi bolsillo y la coloco en mis labios.
Extraigo después un revolver, apunto y disparo, apunto y disparo, apunto…. y disparo, hasta que no hay a quien disparar, hasta que las blancas paredes se han teñido de sangre, hasta que yo misma noto el olor a sangre, hasta que siento mis manos teñidas de rojo.

Me siento exultante, quisiera grabar para siempre este momento en mi mente.
Siempre me ha encantado el color rojo.

viernes, 29 de abril de 2011

Un partido

Te engulle sin remedio, sin proponérselo, y la resistencia no existe ni se plantea.
Una puerta es la única que divide vida y libertad, de la muerte en vida.

Desde fuera tan solo es una vieja y frágil puerta oxidada; Qué culpa tiene en realidad de que al atravesarla sientas paralizarse tu corazón, que error ha cometido para que lleve consigo la maldición que haga acelerarse tu corazón como si algo o alguien quisiera arrancarte la vida. De todas formas, sigue siendo solo una puerta... pero al mirarla, aunque sea en una foto no puedes evitar sentirte triste y a la vez afortunado de permanecer al otro lado.

Ya estás dentro.
Hay flores y plantas allá donde mires, pero no son flores ni tampoco plantas lo que tú puedes ver; no son sino estatuas vivas de soledad.
La luz lo inunda todo, pero su interior es tan oscuro y triste que se adentra en lo más profundo de uno mismo sin remedio, te atrapa y te lo roba todo hasta que consigues olvidar que existe algo mas allá fuera y dejas de echarlo en falta.

Un día consigues salir de aquel encierro sin esperar nada al otro lado, y ese preciso instante te sacude un viento fresco y reparador que te sacude como si de polvo se tratara todas aquellas sensaciones; sientes volver a la vida, sientes renacer... y sin embargo aunque el único pensamiento que cruza tu mente es el de no regresar jamás, sientes abandonarlo a su suerte.



Así es la casa de mis abuelos y mis tíos, forjada en la soledad, tristeza, egoísmo, codicia y remordimientos ahogados.

Han pasado años desde que escribí esto.

Hoy las cenizas de mi abuelo descansan eternamente bajo la sombra de un olivo, y el tiempo me ha enseñado a crear un caparazón que me impide que el pasado se apodere de mí de esa manera, y sin embargo...sigo sin poder evitar sentir que cada hora trascurrida en ese lugar me arrebate años de vida. En ningún lugar como en ese el pasado me atrapa y me hace sufrir de esa manera.

En fin, que parto esta tarde hasta allí, y voy con ganas de disfrutar de todo, del mar, las nubes, el sol, el viento, (de la lluvia...), veremos quién gana esta partida, si la casa o yo.

Apuesto por mí misma.

miércoles, 20 de abril de 2011

Monos

Una de las primeras cosas que aprendes cuando comienzas a programar aplicaciones de usuario es a crearlas como si el destinatario final fuera un mono con pretensiones de destruir tu trabajo. Se deberá tener en cuenta que tocará todo lo que no deba tocar, y dejará de tocar lo necesario para que dicha aplicación funcione correctamente. Da igual lo sencilla que parezca la aplicación, es lo menos importante.

Así pues yo me pregunto... el señor que programó el chisme que hace que funcione una lavadora, ¿por qué no comprobó que el "mono" se había acordado de cerrar la puerta del dichoso aparatejo?

Al menos es una forma barata de tener piscina en casa. Lástima que no haga calor.

lunes, 11 de abril de 2011

Vivir del aire

Tenía todo y nada al tiempo.
Todo lo que cualquiera pudiera querer pero nada que le importara; y se transformó en máquina, perdió el calor de su cuerpo, su corazón comenzó a enfriarse y su mente olvidó soñar; quedó tan solo una única idea enquistada en su mente.

Cada día se transformó en una lucha contra el tiempo, en una sucesión maquinal de horas sin apenas sentido y en la que nadie más existía.

Cada día se sentía más cerca de su objetivo, y según se acercaba la sonrisa de sus labios se evaporaba, la soledad le desgarraba el alma, y se alejaba de toda realidad para vivir ese sueño que solo ella comprendía. Fue entonces cuando aprendió a mentir.
Una palabra, una mentira; una sonrisa, un millón de mentiras.

Su único vínculo con este mundo se convirtió en un maldito cuaderno del que parecía depender su vida, un espejo que le devolvía una imagen distorsionada de si misma y una báscula, hasta que llegó el día en el que llegó a convencerse de que había alcanzado su objetivo: había aprendido a vivir del aire.

Olvidó ser feliz, olvidó que un día, antes de perseguir ese estúpido y destructivo sueño lo había sido, y se olvidó de ser humana, de sentir, de reír, de mirar, de volar, y aprendió a llorar en silencio, a sufrir en soledad y a adorar su fuerza de voluntad.
Se olvidó de vivir y comenzó a morir.



Desde el otro lado no podía mas que observar las devastadoras consecuencias de aquella enfermedad que se estaba llevando a mi hermana. Cada kilo que perdía abría un agujero en mi corazón; difícil comprender el dolor y la impotencia que sentía al verla marchitarse día a día mientras lo único que podía hacer era odiar un poco mas esta maldita sociedad.
A su alrededor nadie parecía querer darse cuenta de la realidad; comprendí que no hay mayor ciego que aquel que no quiere ver, y que la mentira más absurda puede ser tomada como verdad con el simple hecho de querer creer.

miércoles, 30 de marzo de 2011

De señores y vasallos

Estamos en el siglo XXI, y pese a ello en una pequeña sala de trabajo de un triste sótano todavía se ven claras diferencia entre señores y vasallos. Una de las pocas diferencias es que ahora los vasallos tienen que vestir traje y corbata para ser distinguidos entre la plebe.

Hace unos días uno de los señores que se sentaba al fondo de la sala se puso enfermo, y su buen compañero en un afán de ahorro de energía decidió apagar aquellas luces a pesar de que sus vasallos seguían trabajando en ese mismo lugar.
No quiero juzgarlo ni criticarlo, quien soy yo para hacer tal cosa, tal vez pensó simplemente que después de tantos años habrían sido capaces de desarrollar visión nocturna o se habían inmunizado ante semejante panorama, y en parte estaba en lo cierto. Aquellas personas habían dejado crecer en su interior un miedo tan grande a los corbatudos que no eran capaces de levantarse y de decir "aquí estoy", estaban tan acostumbrados a no luchar por nada, a besar el suelo por el que sus señores pasaban que solo comentaron que era una buena medida de ahorro.
Los de la sala gemela los mirábamos con simple tristeza de ver como se arrastraban por el suelo sin que les importara, y pensando con ironía como muchas veces el que ha sido vasallo antes que señor acaba siendo doblemente cabrón.

Estos últimos meses, mas que nunca, han sido mas que suficientes para estar completamente harta de corbatudos, trajeados, prepotentes, de los malditos bancos, de ese oscuro sótano, de que me tengan durante diez horas al día delante del ordenador sin hacer practicamente nada mas que mirar pasar el tiempo, y del miedo y la cobardía de la gente. Cuando alguien consigue infundarte miedo es cuando de verdad posee una parte de ti mismo y puede hacer contigo lo que quiera.


La semana pasada nos informaron a mi y a un compañero de que eliminaban nuestros puestos como programadores en aquel banco y que nos íbamos a la oficina, y a pesar de saber que este no es sino un simple paso previo a la calle, no pudimos reprimir una sonrisa de alivio al saberlo.
Desde ese día, los superiores de aquel banco que pusieron nuestros nombres en un papel no se han atrevido a mirarnos, e incluso han evitado el saludarnos al cruzarse con nosotros.

Hoy ha terminado una etapa de mi vida que ha durado exactamente seis años y un mes, y tenía dos opciones: ser melodrámatica y sentirme afectada o celebrarlo; por supuesto he elegido la segunda. Hemos llevado bombones para celebrar nuestra marcha y hemos tenido la educación que estos señores importantes no han tenido: ir a despedirnos de ellos. Pueden haberse portado mejor o peor con nosotros, pero no tiene porque significar el que debamos rebajarnos a su altura... y además, la cara de qué coj... hacen estos aquí ha merecido la pena.

Todo termina, y todo empieza. Me llevo mucho de estos años, así que supongo que ha merecido la pena.
Mañana después de tantos años, por fin veré la luz.

viernes, 25 de marzo de 2011

¿Cómo se puede ser tan tonto?

Además de mis funciones como programadora informática, parece ser que ejerzo como psicóloga oficial de las mujeres de la limpieza.

Hace ya unos años una mujercilla a la que creo que le faltaba algún chispazo de cordura se quedó maravillada por mis figuras de papel, y al tiempo cometí un grave error: regalarle una de ellas.
Tan solo era un cuadrado de papel con forma de caballito de mar, pero para aquella mujer fue como si le hubiera hecho el regalo mas preciado que podían hacerle, y me entregó una confianza que no había luchado por ganar y la cual ni siquiera quería (aunque suene cruel).

Desde esa mañana, cada día a las dos de la tarde venía a buscarme.
Aparecía por mi espalda y me hacía salir al pasillo sin que le importara lo mas mínimo si estaba mi jefe presente o si estaba reunida, y si no me encontraba en mi sitio preguntaba por mí y me esperaba a pesar de no saber ni mi nombre.
En algunos casos le decía que no podía salir porque estaba ocupada, pero otros días algo en su mirada hacía que me sintiera incapaz de rechazarla de nuevo y salía a escucharla, simplemente era eso lo que necesitaba, ser escuchada.

Día tras día las historias sobre su hija, "la Lore", se repetían. Me preguntaba qué podía hacer con ella, se preguntaba a si misma por qué no podía ser como yo, y todo esto a pesar de apenas conocerme.
Siguieron las historias sobre su marido, sobre como la ignoraba y lo sola que se sentía en aquella casa que compartía con su familia, y por último comenzaron los llantos. Venía a mí con el simple propósito de desahogarse, yo, sin saber que hacer ni qué decir, me limitaba a callar y a elaborar en silencio excusas cobardes para terminar con esa situación. Mientras tanto, observaba las miradas de asombro y de incredulidad de mis compañeros que se tomaban a risa una situación que a mí empezaba a angustiarme.
Un día, con gran tristeza, me dijo que la trasladaban y no podríamos vernos. Ella lo dijo con lágrimas en los ojos, yo dando gracias a un dios en el que no creo.



Meses después, a la misma hora fatídica, conocí a su sustituta mientras limpiaba los baños, y todo comenzó igual pero distinto. No necesitó desencadenante para comenzar a contarme orgullosa la vida y obra de su hija "la Jenny" (juro que no me invento los nombres por muy típicos que suenen). Cada día que tenía la "suerte" de coincidir con ella en el baño me retenía durante mas de un cuarto de hora en el que simplemente me limitaba a escuchar, asentir y poco a poco retirarme hacía la puerta sin que ella fuera capaz de comprender que no solo estaba en el trabajo, sino que no me interesaba la vida de su hija.

Después de bastantes encontronazos tomé la decisión de evitarla. Pasaron meses hasta que me la volví a encontrar y me dijo "¡cuanto tiempo sin verte! ¿es que ya no vienes al baño?". Ese día habló durante horas (o eso me pareció a mí) de su hija y lo genial que es su vida, me cantó e ¡incluso me bailó! mientras yo agarrada al pomo de la puerta esperaba que terminara de hablar para poder escapar.

Y yo me pregunto, ¿cómo se puede ser tan tonto?, y por supuesto que no lo digo por ellas, lo digo por mí.

martes, 22 de marzo de 2011

Olvidar

Y llega el día en el que no reconoces a la persona del otro lado del espejo, o simplemente, no quieres hacerlo; prefieres cerrar los ojos y olvidar. Olvidar.



Un día olvidé solo para poder recordar de nuevo.

lunes, 14 de marzo de 2011

Catorce

Nada que ver, nada que hacer ni que hablar.
Una aburrida tarde de verano en casa de sus abuelos se dispuso a buscar fotos antiguas en un cuarto en penumbras, y además de fotos, encontró un hermano.



Durante un instante su cuerpo se congeló pero su mente echó a volar hasta ser capaz de desenterrar un recuerdo que el tiempo había sepultado, y resonaron palabras en su cabeza que parecían haber sido pronunciadas tan solo un minuto antes pero que hasta ese momento siempre creyó que formaban parte de un sueño.

Contaba solo cinco años; no le importaba el pasado ni el futuro; su único propósito en la vida era sencillo, consistía en ser feliz.

En aquel momento, cuando su madre le dijo que aquel niño que vivía con sus abuelos no era su primo sino su hermano, ni siquiera entendió el significado de aquellas palabras, pero trece años después aquel mismo mensaje le golpeó con fuerza y sintió un brutal derechazo de realidad, sorprendió una lágrima sobre aquellos papeles, y se sintió más sola que nunca.

Nunca hubo mentiras, pero tampoco verdad, y se sintió impotente y ridícula de ignorar una realidad que excepto ella y su hermana, todos conocían, y comprendió, por fin comprendió;

La dureza de carácter de su madre, la hostilidad de su hermano durante cada visita veraniega a casa de sus abuelos. El odio en su mirada... todo lo comprendió, incluso que en ocasiones el tiempo es el único capaz de amortiguar un dolor que emana odio, y cuyo causante es ajeno a ambos.

Sintió como propio el dolor de un hermano que no te reconoce, el abandono y la lejanía de una madre, y se hizo aquella eterna pregunta: por qué.
Supuso que la respuesta estaba encerrada en un número: catorce; solo tenía catorce años, y estaba sola.

Jamás fue capaz de formular ninguna pregunta en voz alta, y según pasaron los años sintió que ese catorce sería la única respuesta que tendría. Hoy diez años después, las preguntas todavía se acumulan.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Morir en silencio

Llevo todo el camino con la mirada perdida en el horizonte.

El paisaje es precioso; el sol está naciendo por mi izquierda, y todo ha adquirido un color dorado completamente irreal, como si se tratara de un sueño o de una realidad desconocida. No existe mas movimiento que el del crecimiento de las sombras, pero al igual que el final de una buena peli, me ha atrapado completamente y me cuesta pestañear por miedo a perderme un solo fotograma.

Debo tener cara de boba mirando de esa manera el juego de luces y sombras, porque de repente y a pesar del ruido soy capaz de oírle reír a mi lado después de mirarme. "Sí, he visto otros amaneceres antes de este, pero ninguno igual" le respondo a una pregunta que creo intuir.

Tal vez lo que no me he atrevido a decir es que siento que este será el último amanecer que pueda ver, y me siento estúpida por despedirme de él en silencio. La vida está llena de amaneceres que dejamos pasar día tras día sin apreciarlos, pero algo me dice que la vida se me esté agotando y no tenga mas oportunidades que desaprovechar. Siempre he apreciado la tranquilidad de dejar pasar un tiempo que creí eterno, pero ahora, cada minuto que dejé en el olvido, me pesa.

Es la hora.

Su cara de adulto con expresión infantil me invita a sonreír, pero no creo poder ofrecer mas que una mueca como respuesta. Te espero abajo, abajo... te espero. Ha saltado, pero sus palabras todavía resuenan en mi cabeza, él me esperará abajo, yo tal vez no tenga ya nada a quien, ni que poder esperar.
Llevó una eternidad sin respirar, recojo una última bocanada de aquel aire frío que espero sea capaz de congelar mi alma en el descenso y sin mirar abajo, no salto, me dejo caer.

Tardo unos instantes en atreverme a abrir los ojos, pero cuando lo hago siento recuperarlo todo, cada minuto perdido, cada trocito de alma que llegó a congelarse y cada instante de muerte que dejé entrar en vida. Siento renacer, me siento libre; creo volar, pero pasa el tiempo, y la tierra se aproxima arrebatándome las alas.

Intento abrir mi paracaídas, pero algo falla y no reacciono. Mi corazón se para, mis ojos se cierran; el sol se vuelve sombra, el cielo penumbras y la tierra oscuridad. Otro silencioso adiós.



Abro los ojos; me cuesta comprender qué es lo que veo.
Mirando alrededor solo alcanzo a observar caras desconocidas que me miran con sorpresa, alivio y alegría. Me llaman por un nombre que no reconozco como mío, ¿por qué me llaman así? No recuerdo mi nombre, pero sé que no es ese.

Intento incorporarme; las caras de alegría desaparecen.
Permanezco con los ojos abiertos y un cuerpo inmóvil; pasan las horas, me hablan, me preguntan, me cuentan historias que no me interesan, pero yo no abro la boca. La esperanza murió en el mismo momento que lo hizo mi cuerpo, y ya solo deseo que alguien me libre de esta muerte en vida.

jueves, 3 de marzo de 2011

Los miserables

En el cementerio, [...] en un lugar solitario, al pie de un antiguo muro, [...] hay una piedra.[...]

Esta piedra está desnuda. Al cortarla, se pensó únicamente en las necesidades de la tumba, esto es, que fuera lo bastante larga y lo bastante angosta para cubrir a un hombre.
Ningún nombre se lee en ella. Pero hace muchos años, una mano escribió allí con lápiz estos cuatro versos que se fueron volviendo poco a poco ilegibles a causa de la lluvia y del polvo, y que probablemente ya se habrán borrado:

Duerme. Aunque la suerte fue con él tan extraña,
El vivía. Murió cuando no tuvo más a su ángel.
La muerte simplemente llegó,
Como la noche se hace cuando el día se va.




Este texto y sus versos, son el final de la novela Los miserables, de Victor Hugo.
Otro ejemplo de como la televisión puede hacer que muchos ni se planteén la posibilidad de escoger un tochazo de mil páginas antes que dos o tres horas frente a la caja tonta.

Hace ya bastantes años que vi por primera vez una adaptación de ésta novela al cine interpretada por Liam Neeson, Claire Danes y Uma Thurman. En principio la ví porque aparecía Liam Neeson, que que desde su papel de Schindler me encantaba, pero tras terminar de verla, aunque me gustó mucho, me quedé con ciertas ganas de conocer la obra original.
Hoy mas de diez años después, termino la novela con la pena de haber visto antes una película que mutila la historia sin contemplación. Una historia donde bien y mal, y odio y amor son fáciles de traspasar.

sábado, 26 de febrero de 2011

Dolor



1. No queda ningún tipo de esperanza.
2. El dolor no parece tener límite, el sufrimiento es constante.
3. No temo a la muerte, siento que la muerte ya se llevó parte de mí al nacer.
4. Me costó decidir cómo hacerlo, pero no necesité un calendario para conocer cuando sería el final.
5. No hay nada que me ate a esta vida, nada que me atraiga hacía ella mas de lo que lo hace la muerte.
6. Mañana llorarán mi muerte, pero en una semana nadie recordará mi nombre.
7. Lloro por dentro todo lo que mis ojos no son capaces de llorar.
8. No soy capaz de soportarlo.
9. Es de noche. El silencio lo cubre todo.
10. Me espera un baño caliente.
11. El contacto del agua caliente sobre mi piel me relaja, pero no consigo tranquilizar mi corazón.
12. Si pudiera vivir eternamente este momento, me quedaría aquí, pero sé que esto no es más que una ilusión.
13. Enciendo la radio, está sonando la Sonata pathetique de Beethoven.
14. La cuchilla está junto a mí, la veo resplandecer bajo la luz. Me observa, me llama.
15. Temo el dolor, pero sé que este será el último sufrimiento que padezca.
16. Con lágrimas en los ojos hago un corte longitudinal en mi muñeca derecha.
17. Odio la sangre, creo que no medité adecuadamente cómo hacerlo.
18. Siento nauseas, pero sigo adelante;
19. Hago un corte más preciso y produndo, necesito descansar.
20. Espero. Solo espero. No me queda nada más.
21. El agua toma un tono rojizo.
22. Siento que las lágrimas inundan mis ojos, ojalá pudiera escapar de otra manera.
23. Suena ahora el Adagio for strings de Samuel Barber, ojalá pudiera escucharlo entero, ojalá pudiera volver atrás.
24. Cierro los ojos para siempre, pero no marcho en paz.



lunes, 21 de febrero de 2011

Los amantes de Teruel

Año 1.555.
Se descubren dos cuerpos enterrados juntos en una capilla de la ciudad de Teruel; junto a ellos, un antiguo y casi ilegible documento relata una historia que se remonta más de trescientos años atrás.

Detalle de la escultura de Juan de Ávalos y Taborda situada sobre los restos de Juan* Martínez de Marcilla e Isabel de Segura en el mausoleo de los amantes, en Teruel.
Aunque en no se aprecia bien, las manos de los amantes no llegan a tocarse.

A sus ojos, no existe diferencia entre ambos. Isabel se ve reflejada en los ojos de Diego cada tarde, y él puede hacer lo mismo con los de ella. Crecen viendo pasar el tiempo el uno junto al otro sin advertir que la amistad que ahora los une se convertirá un día en un amor imposible.

Pasan los años, y al enamorado Diego de Marcilla le rechazan la mano de Isabel de Segura alegando su escasa fortuna. La diferencia de riquezas entre sus familias se hace patente por primera vez, y Diego no duda en partir a la guerra para conseguir aquel requerimiento, no sin antes solicitar a su amada un plazo de cinco años para conseguir su objetivo.

Suenan campanas de boda.
Corre el año 1.217. El mismo día que cumple el plazo solicitado, Diego regresa a Teruel.
Exhausto pero cargado de honores y riquezas accede a la villa escuchando a su paso el tañir de las campanas, sin saber todavía que aquel sonido es en honor de su amada, que apremiada por su padre y viendo que el tiempo pasaba sin haber tenido noticias suyas, se ha casado con el hermano del señor de Albarracín.

Rabia, impotencia, dolor, desesperación, odio... son demasiadas las emociones que lo embargan cuando acude ante Isabel para rogarle un último beso como prenda de ese amor imposible.
Dolor es lo único que siente cuando Isabel le niega aquel último beso y algo se rompe en su interior arrancándole la vida y cayendo muerto a sus pies.

Las campanas de boda han trocado sus tañidos por los de un funeral que acompañan a una silenciosa comitiva que transporta el cuerpo del desafortunado amante hasta la iglesia de San Pedro.
Todos los asistentes presencian como una dama vestida de luto y con el rostro cubierto se acerca al cuerpo inanimado de Diego; todos pueden ver como alza su velo frente a él y lo besaba; nadie pudo ver como una lágrima recorría su rostro mientras le besaba; nadie pudo ver como el dolor que sintió al darle aquel beso que le negó en vida había acabado también con su vida.

Aunque tarde, ambas familias comprendieron el alcance de aquel amor, tras lo que tendieron a Isabel junto a su amado y los sepultaron juntos para un descanso eterno.

* Aunque popularmente se le conoce como Diego de Marcilla, su nombre real, tal y como consta en los escritos, es el de Juan Martínez de Marcilla.

lunes, 14 de febrero de 2011

Maldita suerte

Se oye un ruido lejano que solo yo parezco percibir.

Escucho un crujido, pero no veo nada.
Un crujido más; esta vez puedo ver una rama esforzándose en no ceder, pero su herida es profunda y acaba cayendo al vacío.

Mi mente viaja a la misma velocidad que aquel fragmento de árbol: se detiene con cada obstáculo que golpea, y arrastra tras de sí nuevas ideas, igual que la rama arrastra fragmentos del árbol del que segundos antes formaba parte.
Tan solo quedan unos segundos para que alcance el suelo.

Ellas hablan de cualquier bobada, ajenas a su futuro; yo doy cuatro pasos atrás, actúo como mera observadora y sonrío esperando el desenlace de la historia.

Algo cae al suelo, se agachan a la vez, la más rápida lo recoge del suelo: es una hoja. Se incorpora y al hacerlo choca con su amiga golpeándole en la mandíbula. Parece que el golpe ha sido fuerte; noto un hilillo de sangre de su barbilla abriéndose paso entre sus manos, y a su amiga presionando su frente.
Un segundo mas y cada una olvida aquel golpe tan tonto tras recibir el impacto de una gran rama del mismo árbol que les proporcionaba sombra.



Ellas caen. Yo me siento a observar.
No puede ser... no creo lo que estoy viendo. ¡Se están levantando! ¿pero cómo es posible...? ¡se levantan! ¿Por qué? Ojalá hubieran muerto, ojalá todavía pueda caer algo que las mate. Tal vez debería acercarme a ayudarlas, pero realmente sus patéticas vidas me importan una mierda, y no quiero que se equivoquen al pensar que me pueden importar lo mas mínimo.

Lo que debería hacer realmente es acercarme y terminar lo que este maldito árbol no ha sabido hacer. Maldita suerte la suya... parece que además de lameculos terrenales, deben serlo también celestiales, porque si no, no lo comprendo.

martes, 8 de febrero de 2011

Desde la cobardía... una carta a mi madre

Ahora que se acerca tu cumpleaños quisiera mas que nunca acceder al lugar en el que guardas tus recuerdos, en el que los proteges como si se tratara de un secreto inconfesable o un tesoro que temes ser robado.

Entraría mientras duermes, a través de tus ojos; borraría de tu memoria las pocas lágrimas que te he visto derramar, y haría desaparecer el recuerdo de cada una que reprimiste y que a veces siento que derramé en tu lugar. Si pudieras prestarme tu fuerza, si pudieras confesarme dónde guardas todo aquello que te hizo sufrir y me enseñaras a esconder el pasado en un lugar en el que tampoco yo lo encontrara, no llegaría a ser la mitad de fuerte de lo que siempre me has demostrado ser.

Entraría cuando el pasado reposa y los sueños siguen tal vez resucitándolo de vez en cuando, pero necesitaría adentrarme tanto en tu mente que siento que una noche de sueños no sería suficiente para comprender, para arrancar al pasado todos los porqués, los cuándos ni los cómos, para perdonar que no supieras verme hasta que me hice de carne y hueso, para perdonar el jamás escuchar de tu boca un te quiero; para olvidar que no me enseñaras a pronunciar un te quiero, y que me faltara una mano que me ayudara a levantar.



Desearía que supieras que algo me impedía ser feliz; que fueron muchas las noches que accedí al mundo de los sueños con lágrimas en los ojos, y que durante un tiempo tan solo deseé un sueño eterno que me alejara de la soledad que me atormentaba.

Desearía que supieras que si no hubieras criado una cobarde de mierda que ni siquiera es capaz de haberte dicho nunca nada a la cara por miedo a verte sufrir, ahora no tendrías hija.

A pesar de todo, el pasado no es mas que una palabra. No tengo capacidad para guardar rencor ni creo que debiera hacerlo.
El tiempo pasa, y lo único que tengo claro es que aunque guarde dentro las palabras, te quiero como ningún hijo te podría querer.
Ojalá pudiera decirte tan solo esto último.